EL pastel ya fue partido y el Pueblo no fue invitado a la fiesta.



Una fiesta organizada unilateralmente por unos pocos y a la cual los invitados son los mismo de siempre: los que manejan los hilos de los títeres,  los que levantan la mano en el parlamento,  los que abusan y despilfarran lo que no le pertenece, etc., ha dado inicio.
Los invitados uno a uno se han sumado y han comenzado a divertirse, no creo que se hayan omitido los regalos, ya que las componendas, arreglos, nombramientos han sido dado a cambio de otras situaciones, votar a favor de una postura, acompañar la aprobación de insconstitucionalismos y otras barrabasadas, que lejos de ser por ignorancia son por puro interés político partidarista y de beneficio individual.
La piñata ha sido colgada y entre todos se encargan de pegarle y sacarle dulces para luego ser repartido, cada cual le da por donde más le conviene.
Esa piñata que en su belleza, colorido autóctono y condiciones propias denota alegría, esta presta a ser desbaratada, y se alcanza a leer a lo lejos en su frente SOY EL PUEBLO.
Exprimida, agredida, lacerada, explotada, pisoteada, etc., etc., etc.. la piñata llamada Pueblo, es exhibida ante la audiencia que lo único que quiere es llenar sus bolsillos con lo que de sus entrañas vierte.
Pero además hay un pastel, que es repartido cada cinco años, en el cual participan los tres órganos del estado,  y todos los funcionarios electos y nombrados reciben su tajada “NO ME DEN PONGANME DONDE HAY” es un dicho ajustado y calzado a la perfección en cada uno de nuestro funcionarios, funcionarios que generalmente tienen sueldos por encima de los 3,000 dólares, dos o tres carros con gasolina para todas las actividades, tanto personales, familiares y laborales, motorista, y un sinfín de otros beneficios que no son mas que originados de la sangre del pueblo.
Como tal el pueblo es para el político lo que la madre naturaleza es para el pueblo, con la diferencia que la madre naturaleza convive con el pueblo y el pueblo es la piñata repleta de dulces que explota el político.

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