De un Padre
Cierto día amanecí, con un alto sentimiento de pérdida; dormitado y aun en la cama inicie el repaso: tenía todo en mi bolsillo, la billetera estaba intacta, las cosas materiales de mi casa estaban en su lugar, el carro estacionado en el sitio exacto donde sabía dejarlo.
¿Qué es entonces lo que mi mente indica que he perdido?, me pregunté.
Inmediata mente inicie un recorrido de mi vida y me di cuenta de lo que me hacía falta:
Perdí el cariño de un padre cuando niño, las palabras de te amo o te quiero de una madre; que consecuentemente estas pérdidas me trajeron por efecto otras, como jugar a héroes y villanos, al futbol, a las cosquillas, ir al cine, salir al parque, comer helado, una fiesta de cumpleaños, celebrar una navidad, aprender a decir te amo, en fin lo que un niño en su gran mundo necesita de sus padres.
Pero eso ya pasó, me dije, y ni falta me hace ahora… que mentira más grande!!!
En la medida que recorría con mi mente mis actuaciones y un escalofrío se movía por mi piel, observe en el cuarto de al lado dos camitas, con dos chiquitines aun durmiendo, y me di cuenta que en los pocos años que tenía de ser padre, había perdido lo que seguramente mi padre perdió en su momento: compartir con mis hijos todos los posibles momentos que pudiera, abrazarlos a cada momento y decirles lo mucho que los amo, jugar futbol, comer juntos, ver televisión, caminar de la mano, hacer las tareas, etc. etc. etc. y el sobresalto fue mayor, cuando pensé en lo que mis hijos perdían a causa de mis actitudes, costumbres y más, derivadas de lo que fue mi infancia, me pregunté qué pensaran cuando ellos estén en mi papel.
Estremecido por mis conclusiones, decidí no recorrer el mismo camino de mis padres, cambiar la ruta escabrosa y curvilínea que mi niñez recordaba y encaminarme a darles a mis hijos todo el amor y el tiempo que ellos ameritan, rompiendo la cadena de Padre-hijo-Padre que al fin reconocí en mi vida, y que lastimosamente afectaba a lo que yo mas quiero, e inicié un nuevo camino que hoy llamo mi familia y que la hago acompañar de Dios.
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