De un Padre
Cierto día amanecí, con un alto sentimiento de pérdida; dormitado y aun en la cama inicie el repaso: tenía todo en mi bolsillo, la billetera estaba intacta, las cosas materiales de mi casa estaban en su lugar, el carro estacionado en el sitio exacto donde sabía dejarlo. ¿Qué es entonces lo que mi mente indica que he perdido?, me pregunté. Inmediata mente inicie un recorrido de mi vida y me di cuenta de lo que me hacía falta: Perdí el cariño de un padre cuando niño, las palabras de te amo o te quiero de una madre; que consecuentemente estas pérdidas me trajeron por efecto otras, como jugar a héroes y villanos, al futbol, a las cosquillas, ir al cine, salir al parque, comer helado, una fiesta de cumpleaños, celebrar una navidad, aprender a decir te amo, en fin lo que un niño en su gran mundo necesita de sus padres. Pero eso ya pasó, me dije, y ni falta me hace ahora… que mentira más grande!!! En la medida que recorría con mi mente mis actuaciones y un escalofrío se movía por mi pie...